Dos historias en Hong Kong


¿Con cuántas personas cruzamos caminos a diario sin saberlo? Chungking Express, del director chino Wong Kar-wai, explora esta temática de conexiones efímeras, de posibles romances que nunca se concretan, de miradas que van y vienen. De hecho, el disparador de las dos historias que conforman la película es justamente eso: un encuentro del cual nadie se percata. 

Las películas de Wong Kar-wai suelen estar habitadas por personajes solitarios, perdidos en un estado constante de incertidumbre, en busca de conexiones humanas, pero asustados ante la posibilidad de realmente encontrarlas. En Chungking Express, la cámara nos transporta a las calles de un área urbana de Hong Kong, caóticas y lluviosas, con multitudes en continuo movimiento, trabajando, volviendo a casa o parando en algún bar para tomar unos tragos. El foco está puesto en esas dos historias, sutilmente interconectadas por el destino, protagonizadas por dos policías con el corazón roto, una misteriosa criminal que usa lentes de sol durante la noche, y una chica que sueña despierta con viajar a California y ser libre. 


El primer policía, el 223, vaga desolado por las calles nocturnas, tratando de ahogar sus penas después de haber sido dejado por su novia. Como una especie de gesto simbólico, decide comer treinta latas de ananá que vencen ese mismo día, la fecha de su cumpleaños, y mientras lo hace, se pregunta si las memorias también tendrán fechas de vencimiento. "Si es así, espero que duren por siglos", se responde a sí mismo, filosofando. Empachado, termina en un bar donde se siente atraído por una mujer con la que, sin saberlo, se ha cruzado horas antes. 

Esta mujer, vestida con peluca rubia y lentes oscuros, es en realidad una narcotraficante que se pasó toda la noche corriendo, a causa de un negocio que salió mal. Pero para el policía 223, en ese momento y en ese bar, ella representa la chance de un encuentro, de compañía, alguien con quien compartir una cama en las horas donde la soledad más le pesa. Ella es como una página en blanco, una incógnita, que él completa con sus propios anhelos y necesidades. 

Este preludio melancólico da lugar a la historia que ocupa la mayor parte de la película: la que ocurre entre el policía 663 y Faye. 


El escenario más prominente durante esta segunda parte es un local de comida rápida, el Midnight Express, al que 663 va a comer y en el que Faye trabaja. La primera vez que la vemos es cuando el policía anterior, el 223, se choca con ella, dándole un cierre a su capítulo y abriendo uno nuevo. Faye es una chica algo particular, tímida, inquieta y curiosa, siempre observándolo todo. Le encanta escuchar música en el volumen más alto posible, preferiblemente California Dreamin' de la banda sesentosa The Mamas & the Papas. El narrador de esta canción, mientras sufre el invierno en Nueva York, se imagina los paisajes llenos de vida y el clima cálido californianos, expresando su deseo de estar ahí, en la otra punta del país. Tanto en la canción, como en la película, California representa un lugar utópico, una promesa de felicidad y libertad.

Faye se pasa el día entero fantaseando, con la mirada perdida, pero cuando el policía 663 entra al Midnight Express, su atención se centra únicamente en él, lejos de los sueños y de vuelta a tierra. A él también lo dejó su novia, pero a diferencia del primer policía, 663 se muestra menos vulnerable, restándole importancia a la situación, a pesar de que cuando está solo en su departamento y nadie lo ve, le habla a los objetos y espera el regreso de su ex. 

Faye comienza a interesarse en él, sobre todo después de leer una carta que su ex novia, una azafata, deja en el local de comida. Dentro del sobre, junto con la carta, hay un juego de llaves del departamento de 663, y a Faye se le ocurre una idea: durante la semana, mientras el departamento está vacío, ella irá a limpiarlo y ordenarlo, antes de que su dueño regrese. A través de sus cosas, Faye logra conocer un poco más sobre su vida, y se imagina como sería estar ahí con él. 


Eventualmente, este juego llega a su fin cuando el policía la descubre merodeando en su departamento y quiere su carta con su llave de regreso. En un giro inesperado, 663 termina invitándola a tomar algo, pero Wong Kar-wai no nos la hace tan fácil, no nos da una conclusión hollywoodense. El final de Chungking Express es, definitivamente, más esperanzador y dulce que el de sus otras obras, aunque mantiene un alto grado de ambigüedad con respecto al futuro de esta historia de amor que nunca parece concretarse. 

Chungking Express, en verdad, se trata sobre conexiones y vínculos humanos que no se encasillan en la idea del amor romántico, sino que va más allá. Los personajes no buscan al amor de su vida ni gestos grandilocuentes, simplemente a alguien que les haga compañía, que alivie un poco la soledad. En este sentido, una película similar es Three Colors: Red de la trilogía del director polaco Krzysztof Kieslowski, en la cual el encuentro que se da no es entre dos amantes que se enamoran con locura, sino entre un juez retirado y una joven modelo que se hacen amigos. El foco no está puesto en el melodrama romántico, sino en las emociones que sienten los personajes, como la melancolía, la ya mencionada soledad, y los posibles vínculos que pueden darse entre ellos. 

Sin importar qué creas, si Faye y el policía 663 terminan juntos o no, lo importante es esa capacidad de sentir que tenemos como seres humanos y cómo navegamos esos sentimientos. Chungking Express narra la historia de cuatro personas que, al igual que muchas, están perdidas. Tal vez, con el tiempo, logren encontrarse. 


Todas las imágenes son de Filmgrab y se encuentran acá

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