La belleza doliente de La Chaco, por Juan Solá


"Lloraba desconsolada, asustada de lo que podría pasarme por culpa de esos tacos baratos que, sin embargo, abrazaba con todas mis fuerzas mientras seguía corriendo".

Juan Solá es un autor argentino de la provincia de Entre Ríos, que escribe ficción con mucho realismo, compromiso social y empatía. En sus escritos, Solá explora temáticas como la pobreza, el clasismo, la discriminación y la diversidad de género, siempre con un nivel de sensibilidad altísimo que encara de frente lo que muchos no quieren ni mirar. La Chaco es una novela corta ambientada a principios de los 2000, que tiene como protagonistas a un grupo de mujeres trans, entre ellas Ximena, alias "La Chaco", quien funciona como el centro que las une a todas entre sí. La novela está dividida en tres secciones: Gusano, Crisálida y Mariposa; en cada una, se van mezclando fragmentos que viajan entre pasado y presente, tejiendo la trama de las vidas de estas mujeres.

Solá cuenta que La Chaco está apoyada en las historias de muchas personas trans que fue conociendo a lo largo de sus años de militancia dentro de la comunidad LGBTQ+, y que quiso dejar plasmadas esas experiencias porque hacen falta más protagonistas trans en la literatura. Se nota que el autor creó a estos personajes con todo el amor y respeto del mundo, reconociendo su privilegio como hombre cis y justamente por eso basándose en historias y voces por fuera de la propia. El prólogo escrito por la artista Susy Shock es precioso y me gustaría compartirlo: 

"¡Cuántas palabras deberán ser escritas, dichas, divulgadas, sobre el mundo de las que nos rebelamos a la naturaleza y creamos alas de las espinas! 

¡Cuántas! 

para contrarrestar la violenta ignorancia

desde donde hablan y castigan nuestros cuerpos

por no ser como ellos. 

Porque no somos peores ni mejores, 

somos otras, 

así, 

con A mayúscula de sentirnos travas, 

aunque la hegemonía nos insista, 

patologizante, 

en ser cuerpos equivocados

y hasta nosotras, 

muchas veces, 

les creamos el relato, 

amenazante, 

ajeno a nuestras desdichas

y a nuestras gozosas algarabías de ser. 

Por eso, insisto, 

muchas palabras deberán ser escritas, 

a solas, 

en nombre propio, 

en ronda, 

en complicidad marica, 

en voz alta, 

de todas las maneras, 

¡por fin! 

Y si son con la belleza doliente con la que abraza el trazo de Juan Solá, 

¡mejor!, 

¡mejor! 

porque a la par dejaremos de ser crónica policial para ser

¡poesía!"

Susy Shock

Si bien el libro no llega a las doscientas páginas, es muy profundo y toca un montón de problemáticas, desde la violencia física hasta la violencia simbólica, la imposibilidad de tener documentos con su identidad de género correspondiente y el maltrato familiar que las aleja de hogares que nunca fueron hogares, todo narrado con un lenguaje poético que intenta curar las heridas como alcohol ardiente. Duele pero es necesario. Muero de ganas de leer a Solá nuevamente, su mezcla de lenguaje coloquial con poesía me encantó y la forma en la que inyecta belleza en los rincones más oscuros me recordó a algunos de mis escritores favoritos.

En lo personal, los capítulos que más me llegaron fueron aquellos en los que Solá escribe sobre las infancias y adolescencias de las chicas. Presenciamos cómo en muchísimos casos, les niñes son castigados y maltratados por explorar sus identidades y experimentar. Son cagados a palos por querer probarse un vestido o porque les gusta el rosa o porque sueñan con ser una princesa y no un jugador de fútbol; se les llena constantemente la cabeza para que diferencien entre lo que es de "puto" y lo que es de "macho", de "señorita" o de "machona", generándoles una violencia tremenda para consigo mismes y para con sus pares. Solá narra cómo un abuelo trata de puto a su nieto por aún no haber tenido sexo a los catorce años y luego su padre lo lleva a la fuerza a un prostíbulo, sin que ese niño tenga ningún tipo de derecho a opinar al respecto. Porque si se opone es puto, y aparentemente eso es lo peor que podés ser. Otro niño es alejado de su adorada abuela porque, según su padre violento, ella le mete ideas en la cabeza al tratarlo como mujer y darle demasiada libertad. Es por todo esto y más que necesitamos con urgencia que haya ESI (Educación sexual integral) en todos los colegios, para que les chiques puedan crecer con menos miedo, violencia y dolor. Para que puedan elegir y existir sin creer que son monstruos. Como escribe Solá en la voz de su narradora: "¡Si la vergüenza la tienen los demás, no nosotras! ¿Por qué deberíamos aceptar la vida que ellos quieren para nosotras por no tolerar nuestra existencia?".

Otro tema muy importante que aparece reiteradamente en el libro es el de la identidad de Ximena, Galaxia, Carina, Hiedra y la Lucy, de cómo a causa de tener documentos con sus nombres asignados al nacer son discriminadas a diario por la policía, en hospitales, en trabajos, facultades, etc. Hoy en día, en la Argentina existe la Ley 26.743 de Identidad de Género, que permite que las personas trans sean inscriptas en sus documentos con el nombre y el género autopercibidos y sean tratadas de acuerdo a éstos, aunque la ley no evita que siga existiendo discriminación con respecto a sus identidades y pronombres, especialmente en los ámbitos laborales y médicos. Las protagonistas de la novela viven en una época anterior en la que ni siquiera existía la posibilidad de modificar sus documentos y sufren tremendamente cada vez que escuchan sus viejos nombres.

"—“¿Usted es Sosa, Sergio David?” te gritan, y después miran el pasillo, buscando complicidad con algún otro pelotudo que tampoco tenga ni la más puta idea de lo que significa no existir," dice Ximena, que siente que no existe porque no aparece en ningún papel a menos que sea como Sergio. Las chicas no pueden pasar ni un día sin que alguien se refiera a ellas como "el travesti", o "el puto", "el pibe", como si los nombres que eligieron fueran sólo un alias insignificante, como si quienes son ni siquiera valiera la pena pronunciar. Como si fuera tan sólo una fantasía en la que ni siquiera hay una princesa.

Pienso que La Chaco es una novela principalmente dirigida a lectores cis con el objetivo de dar a conocer y educar sobre la realidad de muchas mujeres trans, no todas porque obviamente no hay una única experiencia. Sé que es un libro que en los últimos años se viene leyendo bastante en colegios, lo cual me alegra un montón porque siento que fue creado exactamente con ese propósito y es muy hermoso. Parafraseando a Susy Shock, espero que algún día este tipo de historias dejen de contener tanta muerte y violencia, dejen de ser material para crónica policial, y pasen a ser sobre amor, sobre cuerpos celebrados y vidas con futuro y oportunidades. Y que ese día llegue es responsabilidad de todes, de que reclamemos a los gobiernos más leyes y políticas que protejan a la comunidad trans-travesti, que apoyemos sus luchas y les escuchemos. Basta de transodio, porque no hay ninguna fobia sino puro odio e ignorancia, basta de patologización, basta de transfemicidios y travesticidios, basta de no cumplir con el cupo laboral trans. Citando a la entrañable Ximena, la chaqueña, "por cada gusano que se convierte en crisálida para que los golpes duelan menos, sabiendo que sus alas serán mucho más fuertes cuando le toque ser mariposa".

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